Pertenece a la colección de kiosko "Camiones Españoles" de la editorial Salvat España.
Lanzado en 1959, el TT se considera como el primer camión civil nacional de tracción total, aunque su nomenclatura "21" indicase que solo ejercía fuerza en el eje trasero. El modelo tuvo un prototipo para el Ejército llamado coloquialmente "El Abuelo" y formalmente como TT 90.22; su versión civil se entregó sin cabina y por ello los carroceros le adaptaron algunas de inspiración extranjera como Berliet. Su producción duró dos años, siendo la cantidad entregada de varias decenas de unidades solamente.
Tras ganar Barreiros con "El Abuelo" un concurso de adquisición por parte del ejército portugués de varios cientos de camiones, don Eduardo decidió entregarse a la producción en masa de la versión comercial adaptada de su TT 90.22. Este vehículo, fabricado ya con el permiso del Ministerio de Industria, se convirtió en un éxito inmediato debido a las necesidades específicas de algunos sectores como la ganadería, la explotación forestal o la obra pública.
El TT 90.21, como así se llamaba, destacaba por su sencillez y robustez en los peores terrenos gracias en parte a su motor diesel EB-6 de seis cilindros en línea y 90 CVs de potencia, estaba derivado de un bloque Perkins y funcionaba asociado a una caja de cambios manual de cinco velocidades con reductora. Podía cargar cuatro toneladas (dos y media fuera de carreteras), era capaz de superar pendientes muy escarpadas y alcanzaba una velocidad máxima de 75 Km/h con buen firme.
En cuanto a su chasis, era de largueros de acero reforzados y estaba diseñado para montar en él dos ejes de alta distancia al suelo con ballestas y un sistema de balancín articulado que permitía mantener el contacto de las ruedas con el suelo en todo momento. En cuanto a sus frenos, eran de tipo hidráulicos con servofreno por vacío "Autoplas" o "Bendix" que actuaba sobre cuatro tambores; el sistema eléctrico era de 24 voltios y no disponía aún de alternador, por lo que utilizaba una dinamo FEMSA.
Un dato interesante sobre las cabinas que llevaron estos camiones es que tuvieron que montarse "a posteriori" ya que se entregaba solo el chasis desnudo con los elementos mecánicos. Los carroceros solían ser Talleres Nápoles (los fabricantes de los camiones Nazar), Carrocerías Costa (con un estilo más cuadrado y militar) e incluso algunas artesanales elaboradas por carpinteros, creando estructuras de madera para el frontal y las puertas combinadas con un techo de lona impermeable tensada.
Manejar estos camiones requería una gran fuerza física ya que no contaban con dirección asistida y además las cabinas no estaban bien aisladas del clima ni del ruido del motor, instalado entre los asientos delanteros. En cuanto al equipamiento, la de tipo Berliet contaba con banqueta doble corrida, gran consola central de madera o metal, parabrisas panorámico practicable, volante de baquelita, indicador de presión de aceite, termómetro, amperímetro, cuentakilómetros, conmutador giratorio central para las luces, tapizados y paneles en skay o cuero sintético y a menudo elevalunas de manivela.
El final de la saga de estos precursores aconteció a principios de la década de los 60 no por un fracaso comercial, si no por el cambio de estrategia industrial de Barreiros al pasarse a la fabricación de camiones más convencionales. Por ello aparecieron los modelos Saeta, Azor, Super Azor y Gran Ruta para el segmento comercial y la gama Comando para el militar, siendo exportada masivamente.
Presento hoy un nuevo Barreiros, en este caso un camión mediano totalmente desconocido para mí y del cual ni sospechaba que tuviese los genes del "Abuelo" (modelo que en un futuro cercano exploraremos). La miniatura porta una caja de los tristemente famosos Almacenes Arias de Madrid, ya desaparecidos hace mucho tiempo, recreando un conjunto excelentemente representado en todos sus aspectos desde la tampografía a los bajos pasando por el interior y los detalles externos como las luces, las ruedas o los remaches de la caja. Es una gran miniatura sin puntos flojos con una cabina que nos resulta familiar pero que representa varios pasos adelante respecto a producciones anteriores de kiosko, lo que lo hace muy recomendable a pesar de tener un precio menos accesible. Y también sigo pensando que los modelos clásicos están mejor representados (dentro de la serie de Salvat) que los modernos, viéndose éstos como más jugueteros.


