Pertenece a la colección de kiosko "Microcoches de Antaño" de la editorial Altaya España.
Entre 1959 y 1966 Nardi Española construyó unos microcoches con carrocería coupé biplaza en Zaragoza. Con un precio bastante elevado para la época, de estos Nardi se vendieron menos de 70 unidades aunque alguna de ellas llegó incluso a EEUU adquirida por el famoso actor William Holden.
Enrico Nardi fue un piloto y diseñador italiano famoso sobre todo por su manufactura de volantes clásicos de madera y deportivos, pero también fundó (junto con Renato Danese) un taller en Turín especializado en coches deportivos, diseños especiales para pequeñas series y prototipos. Una de sus creaciones fue el Nardi Vignale 750 basado en el FIAT 600 de Michelotti; el modelo atrajo el interés del ingeniero español Pelayo Martínez, quien propuso a unos empresarios una asociación para fabricarlo.
El diseño de Michelotti se plasmó en una bella carrocería monocasco de líneas fluidas, con los faros empotrados en las aletas y unas delgadas molduras cromadas laterales con un corte abrupto en la parte trasera (lugar en donde iba alojado el motor y su rejilla de ventilación). Dicha carrocería iba soldada a base de paneles de acero y aluminio mediante soldadura de plata, un método muy complejo que demandaba casi mil horas de trabajo manual, pero en compensación aportaba ligereza e insonorización.
Igualmente en el interior existía la misma calidad al contar con un excelente cuadro de instrumentos que incluía cuentarrevoluciones y muchos indicadores. Los asientos eran muy resistentes, cómodos y deportivos (según su proveedor no desteñían jamás); en cuanto al exterior equipaba unas bonitas llantas de chapa con embellecedores cromados y una preciosa pintura bicolor.
El personal de Nardi Española (asesorado por el mismo Enrico) se encargaba de mejorar el propulsor original de cuatro cilindros del SEAT 600 D mediante un aumento de cilindrada (pasando a los 750 cm3), una mayor compresión en los cilindros y la inclusión de un carburador Weber de doble cuerpo, logrando así obtener una potencia de 46 CVs suficientes para alcanzar los 160 Km/h.
Otras características del modelo incluían el arranque eléctrico con batería de 12 voltios, suspensiones independientes con estabilizadoras y muelles Koni, frenos hidráulicos autoventilados, cambio de marchas con cuatro velocidades siendo la primera no sincronizada, garantía de cien mil kilómetros y, como era natural, el famoso volante Nardi.
El prototipo acusó falta de adherencia en el eje trasero al alcanzar la velocidad punta, por lo que se procedió a añadir unas aletas traseras para asentar mejor el coche al firme. Aparte de eso, el vehículo se mostró como agradable de conducir y con una excelente visibilidad gracias a la gran superficie acristalada; jugó en su contra el elevado precio de adquisición aunque como inversión demostró ser excelente, ya que un ejemplar llegó a presentarse incluso al prestigioso concurso de Villa d´Este.
Hoy presento a la "vedette" de la colección de Microcoches de Altaya, si tenemos en cuenta el criterio de la belleza. Aunque me parece que es discutible su inclusión en la categoría, este cupecito roba las miradas de todos y se hace encantador, por lo que la miniatura lo tenía fácil a la hora de replicar su vistosidad. Para la ocasión tampoco la calidad quedó atrás, mostrando una pintura "porcelánica", unas ruedas impecables y un completo interior; no obstante las fotos no llegan a mostrar la excelente sensación en mano que se experimenta con un modelo en el que no tenemos ni "pinchitos".