El Dome Zero fue un prototipo japonés de coche deportivo con motor central presentado en el Salón de Ginebra de 1978 y diseñado por Masao Ono. Fabricado por Dome Co. Ltd (un especialista del automóvil de competición), el Zero tenía el ambicioso objetivo de ser el primer "supercar" nipón que financiase las aspiraciones deportivas de la marca para las 24 Horas de Le Mans.
Dome era una empresa constructora experta en ingeniería automotriz fundada en 1975 por el preparador y entusiasta Minoru Hayashi. El nombre de su firma significa literalmente "el sueño de un niño" y seguramente se refería con ello a la visión original de Hayashi de crear automóviles deportivos desde la nada pero con vistas sobre todo a la alta competición.
El mundo acabó conociendo a un equivalente japonés de los míticos talleres europeos de ingeniería y diseño de construcción de coches de alto rendimiento de los años 70, pero la empresa de Hayashi ya tenía bastante experiencia en la fabricación de componentes para coches de carrera y disponía de su propio túnel de viento e instalaciones avanzadas para la creación de elementos en fibra de carbono.
El diseño del prototipo Dome Zero comenzó en 1976 bajo la idea de competir con él en Le Mans y vender los modelos que se pudiese para financiar un equipo. Su diseño inusual exigió un complejo proceso de ingeniería que combinaba piezas estándar de fabricantes japoneses con nuevos componentes, dando lugar a un vehículo con una agresiva carrocería en forma de cuña que recordaba a los diseños de Marcello Gandini para Bertone.
La configuración del motor era de tipo central trasero y tracción al eje posterior montado sobre un chasis de tubos de acero con sección cuadrada. Su motor, un Nissan L28E de 2.8 litros, seis cilindros en línea y árbol de levas en cabeza, desarrollaba 143 CVs y provenía de los modelos Datsun 280Z y 280ZX. Gracias a este propulsor, y a un contenido peso de 920 kilogramos, el Zero ofrecía una relación peso/potencia semejante a la de los modelos de Porsche de su época.
El prototipo además incorporaba una transmisión ZF de cinco relaciones, suspensión independiente de doble triángulo y frenos de disco con los traseros montados en posición interior. Las pinzas provenían del Subaru Leone, la columna de dirección era de Honda Accord y los tiradores interiores de las puertas se tomaron de un Toyota Celica.
En cuanto al equipamiento, muy futurista, contaba con faros escamoteables, unas llamativas puertas con apertura en alas de gaviota, un interior con una avanzada instrumentación digital mediante pantallas LED y consola orientada al conductor. Los asientos eran de tipo bacquet y tela/cuero transpirable, el volante de tres radios con diámetro reducido y la pedalera de competición hecha en aluminio.
No obstante el prototipo padeció los lógicos problemas de todo lo artesanal y pionero, como su complicado acceso al interior debido a su baja altura, las ventanillas que no podían descender por completo (como sucedía también en el DeLorean), la nula visibilidad trasera y un sistema de climatización demasiado básico, tanto que no podía combatir el calor extremo que generaba el motor.
Una vez concluido, el prototipo fue presentado en Ginebra en 1978 donde atrajo inmediatamente la atención de algunos inversores y posibles compradores. A pesar de ello, Dome no logró la homologación necesaria para circular por carretera y ello condujo a la decisión de crear un nuevo modelo llamado Zero P2. Las razones de la negativa fueron la falta de fondos para iniciar dicha homologación, que en el caso de Japón es además particularmente complicada y costosa.
Sin embargo, y sorprendentemente, Dome suscitó un gran interés por parte de fabricantes de juguetes y modelos a escala a tal punto que muchos solicitaron derechos de imagen para reproducir al Zero. Esto permitió a la empresa ampliar sus instalaciones y continuar con el desarrollo de automóviles de calle y para la competición nacional e internacional.
Los que siguen este blog desde hace tiempo quizás recuerden que una de mis líneas rojas es la no incorporación de prototipos. Sin embargo, en el caso del Dome hice la compra del modelo sin saber que era solamente un ejemplar fabricado y sin homologar. Además, fue una adquisición apresurada ya que encontré a la miniatura muy rebajada de precio y en estado totalmente a estrenar, aparte de sus cualidades como réplica de precisión en resina y con el respaldo del sello de Kyosho. Demasiados atributos como para ignorarlos, pero a ellos debo añadir además el más importante: la fascinación que sentí por el modelo real.
Una vez en casa pude comprobar que la compra había sido muy satisfactoria según el esfuerzo económico que tuve que hacer, refrendada por la calidad del molde, su excelente pintado, multitud de finos detalles y elementos adosados como su gran limpiaparabrisas o las luces. Igualmente dispone de ruedas de goma y "vidrios" de alta transparencia; solamente hay que tener en cuenta que al ser un modelo de resina los bajos son totalmente inexistentes (si bien hay modelos que escapan a la norma). Indudablemente el modelo merece mucho la pena y cuenta además con mucha cultura "pop" tras él, habiendo aparecido en películas de Transformers y en los videojuegos de Gran Turismo; quizás sea un hecho que a muchos coleccionistas no les importe pero ahí está.

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